
Aprendí a manejar a los 10 y a los 11 a sobrevivir
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Cuando tenía 9 años me gustaba sentarme en el asiento de piloto del carro y acompañar a mi papá a quien le gustaba quedarse leyendo en el carro un rato. Ahora pensándolo bien…creo que se quedaba ahí conmigo para darme las clases de manejo. Esto fue algo que hicimos durante un año aproximadamente, donde nos quedábamos en el carro conversando y riendo mientras aprendía la teoría del uso de los cambios, los pedales, los espejos, y muchas de sus aventuras manejando.
Cuando cumplí 10 años, me dijo: Rossina es momento de la acción, hoy vas a manejar. Queeee dije yo, ¡No puedo! Soy muy chiquita y tengo miedo… él me dijo muy serio: Estás conmigo, y vamos a hacerlo juntos, ¡Arranca el carro!
Cuando dijo esas palabras algo paso dentro de mí. Era como un fuego que se encendió cuando arranqué el carro.
Y ahí estábamos juntos, un domingo soleado dando mi primera manejada. Salimos de la casa, puse, primera, segunda y estaba bien, di mi primera curva y ya tocaba colocar el tercer cambio y justo me acercaba a la bajada de la vía expresa que iba hacia el centro histórico y me dijo con voz firme: ¡¡Entra!!
Otra vez dije: Noooo ¡ayy que miedo! y me dijo muy serio: Estás conmigo, vamos a hacerlo juntos ¡entra!
Y en microsegundos me llené de confianza y ya estábamos ahí. Manejando con una tensión constante y con un nivel de atención nuevo para mí, ¡estas manejando bien!, me decía, mientras estaba concentrada y apoyada con su gran presencia y toda esa seguridad que me trasmitía. De solo contárselos ahora me late fuerte el corazón y me viene una gran emoción como en aquel momento.
Bueno, pasamos varias avenidas, el estadio y llegamos al óvalo Grau, di la vuelta y regresamos, cada vez estaba más segura, y muy presente. Para cuando llegamos a casa era otra persona: ¡Creo que crecí! Me sentía diferente y él me abrazó fuerte.
Luego de ese evento los fines de semana íbamos a Lurín y ahí siempre practicaba. ¡Ese fue un gran regalo!
Un año después cumplí 11 y a los 13 días mi papá partió al cielo y me dejó desolada…pero yo sabía que ya era capaz de manejarme en la vida, que tenía la capacidad de vencer mis temores, de llevarme al extremo y que él siempre estaría a mi lado como mi copiloto.
Ese fue su mejor regalo, su mejor lección de amor.
✅ Que reflexiones me deja:
✔ El miedo siempre estará ahí y puede ser un gran impulsor en tu vida.
✔ Nunca subestimes a tus hijos/as, su valor es tan grande como tu confianza en ellos.
✔ Un padre siempre estará a tu lado con su presencia y su ausencia
✔ La vida no se mide en minutos, se mide en momentos. Crea los momentos que quieras que tus hijas/os tengan.
Espero que mi historia, conecte contigo y te deje alguna reflexión. Ha sido para mi muy emocionante y sanador compartirla contigo 👩❤️💋👨
Espero tus comentarios.
Rossina Castagnola